Tercera lectura de cuarentena y la piel de gallina por demasiadas cosas. Este libro me vino cruzando el Atlántico de parte de dos personas a las que quiero con eso que Kollonai llamó amor camaradería, como regalo solidario (en el sentido no vertical del término) y orgulloso que mezcla construcción, presente y memoria. La edición es preciosa, cuidada, y en la primera página en blanco se puede leer escrito con boli: «Para Julia con mucho cariño, de parte de tus camaradas en México, Tania y Héctor. ¡Viva la IV!».
No es una lectura pesada sino amena y entretenida. Diría que se trata de un libro ligero si no fuera porque los temas que las diferentes autoras tratan, las anécdotas que comparten y los recuerdos que rescatan se te incrustan en la garganta haciéndote pensar en demasiadas cosas. Feministas trotskistas reúne a doce mujeres que militaron en el Partido Revolucionario de los Trabajadores en México (PRT) en las décadas de 1970 y 1980. Algunas de ellas abandonaron el partido en la ruptura de 1992, otras lo hicieron antes, y aún otras siguen militando en éste o en una nueva organización también ligada a la IV Internacional, la Coordinadora Socialista Revolucionaria (CSR). Recordar cómo comenzó el compromiso político de cada una y qué supuso para ellas el descubrimiento del feminismo y el socialismo es el hilo conductor de todos los capítulos.
Me ha llamado la atención el empeño de las autoras por nombrar, por des-anonimar, por rescatar del pasado los nombres y apellidos de todas las personas con las que compartiendo espacios. Una tras otra, enumeran los nombres de las militantes que estuvieron con ellas en su cédula del partido, en el sindicato, en el movimiento estudiantil, en tal o cual reunión o durante las detenciones. Es un esfuerzo poderoso y que honra el ejercicio de militar, de comprometerse vitalmente, esa lealtad a los desconocidos que decía el Bensa y que atraviesa las páginas impregnando la obra entera.
Leído desde Europa, el libro permite conocer la situación social del México de los años 70 y 80, además de aprender sobre el modelo de construcción de un partido que conoció una importante expansión en esa época. Los debates organizativos y políticos del momento, así como varias cuestiones internacionales, se cuelan directa o indirectamente entre los recuerdos de las autoras. Hablan algunas de su maternidad (para pensar despacito), de sus compañeras, de los hombres con los que compartieron vida y de las decisiones que tomaron en diferentes momentos. Y conectan contigo aunque tu realidad y situación personal sean otras.
Dice Guadalupe Hernández que su madre tuvo una vez una intuición, y que «al final el resultado de su acción condujo a dos de sus jóvenes hijas a conocer una corriente de pensamiento humano que las vincularía con mujeres y hombres libres y comprometidos en la construcción de una sociedad nueva, (…) lo que supuso, para ambas, emprender su propia transformación y adelanto». No conozco a Guadalupe pero sí a otras de las autoras, y se me calienta el corazón al comprender en la propia carne lo que dicen. Una confirmación que nunca sobra: militamos porque amamos profundamente la vida.