Israel-Palestina: la alternativa de la convivencia binacional.

Leí este libro hace cosa de un mes, y desde entonces han pasado muchas cosas. La situación en Palestina hace ya tiempo que parece no poder ir a peor, y sin embargo Israel se las apaña cada semana para superar un nuevo límite del horror y la matanza, los Estados imperialistas europeos para alcanzar nuevas cotas de cretinismo e hipocresía. Escribo esto mientras la sociedad bienpensante y criminal de Occidente se echa las manos a la cabeza por la respuesta militar de Irán, dos días después de que la policía alemana asalte y prohíba el Congreso por Palestina, un mes después de que el Estado criminal de Israel bombardee definitivamente el hospital Al-Shiva, el principal complejo médico de la franja de Gaza.

Michel Warschawski escribió este libro en el contexto de la Segunda Intifada, hace 24 años. En perspectiva, resulta desolador leer algunas de las primeras páginas, así como el alegato esperanzado con el que cierra el último capítulo. «La violencia sin precedentes desplegada por el ejército israelí y por los colonos» no ha resultado ser «sólo la expresión, sanguinaria y patética, de una rabia colonial y vengativa cuya salida ineluctable se conoce». Muy al contrario, el último límite, el de las convenciones formales, parece haberse roto definitivamente el 8 de octubre del año pasado, alumbrando un nuevo siglo que amenaza con superar los peores horrores del XX.

La alternativa de la convivencia binacional es un libro de lectura ágil, didáctico y extremadamente interesante. Escrito por un reputado intelectual israelí antisionista y militante comunista, sus capítulos recorren la historia de la invención imperialista del Estado de Israel, la construcción socio e ideológica de los diferentes partidos políticos que en él existen, los debates jurídicos en torno al concepto de un Estado judío democrático, la formación de corrientes nacionalistas palestinas, el diseño de los planes de ocupación y colonización, las diferentes oleadas migratorias y las implicaciones de la Ley del Retorno.

Si no fuera por lo impactante de buena parte de la narración, diría que es un libro que se lee de corrido. Así lo hice yo, con los ojos muy abiertos de alucinar ante la gigantesca operación de ingeniería social que supone la existencia de Israel en sí misma. He leído sobre historia colonial, tengo ciertos conocimientos sobre lo que hizo la Monarquía Hispánica en América Latina, la Belga en el Congo, y la Corona Británica por todo el mundo, y aún así me cuesta asimilar lo que ha pretendido y logrado el sionismo en el siglo XX: vaciar físicamente de población un territorio habitado, aniquilar o desplazar a cientos de miles de personas, borrar físicamente cualquier rastro de su existencia para construir un Estado inventado con una lengua que nadie hablaba. No hay forma de mirarlo que no aterrorice.

He aprendido un montón leyendo este libro y recomiendo encarecidamente que intentéis buscarlo. Una de las partes que más interesantes me ha resultado, quizá porque era lo que menos conocía, es la relación de Israel con la diáspora y la memoria del Holocausto. Para quienes hemos sido educados en el relato de Israel como compensación necesaria post Solución Final, comprender que el sionismo y su práctica de ocupación son previos, y conocer el proyecto de construcción del nuevo judío, ayuda a resituar una relación con la violencia colonial que de otra forma resulta incomprensible.

Se puede abrezar la propuesta concreta que esboza Warschawski o no hacerlo, pero el grueso del libro sigue siendo excelente. Personalmente creo que sus principales elementos siguen siendo fundamentales y acertados, pero la formulación de un Estado binacional en los términos que él la hace resulta a todas luces insuficiente para dar respuesta a la situación existente hoy día. La población palestina se hacina cada vez más en los campos de refugiados en Jordania, Siria y Líbano, y parece claro que la intención de Israel es matar a toda persona que no logre llegar al Sinaí o se niegue a perder su hogar. Como el propio Warschawski reconoce, la situación de refugiados esto dificulta la articulación legislativa y la aceptación social de una propuesta de esas características. Y lo que es más importante de todo: Israel no está dispuesto a permitirlo. No hay rastro ya de la prudencia ante ciertas normas: roto cualquier disimulo, la violencia sionista no corresponde con estertores de muerte sino con la celebración genocida de quien se considera inmune.

En este centro imperial en el que vivimos, es nuestra responsabilidad hacer todo lo posible para acabar con esa impunidad. Palestina vencerá.

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