Tengo intención de que esto sea una reseña breve; no estoy muy segura de conseguirlo. En enero he seguido leyendo a Peri Rossi, y su Babel bárbara (1991) me ha parecido ya no sé si desigual o simplemente distante en su mayor parte de los tonos y las metáforas que más me interesan.
Construida en torno a una herencia que ya le he leído a otras interlocutoras de Safo (Monique Wittig, Sara Torres), la voz poética aquí no sólo no me interpela (o quizá: parcialmente me interpela, sí, pero es incapaz de arrastrarme) sino que se me hace repetitiva y de aburrida vacía. Creo que no hay un solo poema del libro donde no aparezca el adjetivo «antigua» (mentira: si los hay, pero ahora repasando a primera vista he podido contar hasta doce seguidos sin una ausencia). Todo el universo de runas y referencias vagas (ni siquiera carnales, concretas) a la mitología griega se me hace pesado y ajeno. Y me fastidia que parezca ser una referencia obligatoria para toda autora de pretensiones lésbicas, cuando hay tantas otras genealogías (pienso tanto en ese verso bellísimo y sugerente de Audre Lorde – «chicas ensortijadas rápidas sepias» – del potentísimo poema titulado «Harriet») mucho más divertidas y estimulantes.
Por otro lado, aquí la autora uruguaya recupera una tendencia que parecía haber abandonado casi totalmente en sus anteriores poemarios: el gusto por situar una voz narrativa en masculino cuando de la apreciación erótica de una mujer se trata. Y bueno, de verdad: no hace falta.
Son los poemas finales los que más me han gustado (¡mucho!). Algunos por el carácter sacramental conferido al deseo (ese «la fuerza primitiva de la carne» en «Misa profana», pero también y sobre todo uno de los poemas más hermosos del libro, «Auto de fe») y otros por la dimensión primitiva, difícil y gutural, del placer mismo. «Tu placer es lento y duro», escribe en «Erótica». «Desde el fondo del vientre, / como una montaña, / la oscura fuerza del deseo» – en «El parto».
Para cerrar, la sonrisa triste y cansada que me sacaron los primeros versos de «La Pasión». Tengo un mensaje guardado que me mandó mi amiga Paula hace ya más de tres meses: salimos del amor como de una catástrofe aérea, que dice la Peri Rossi. El poema sigue: «¿Era un año largo como un siglo / o un siglo corto como un día?». Y luego, en «Auto de fe»: «Con esta sujeción al deseo»