T.B.O.

Mi poemario de marzo ha sido el segundo libro de poemas de Alfonso Sastre, recogido en su Obra lírica y doméstica (poemas completos) y publicado originalmente en 1978. Al igual que El español al alcance de todos, T.B.O. es una recopilación de poemas escritos previamente, cuando su publicación en el Estado español no era posible debido a la censura franquista. A diferencia del primer poemario, sin embargo, éste prescinde de una parte más reflexiva y pausada para ofrecer un conjunto mucho más cómico, donde el humor y la ironía se imponen sobre cualquier otro rasgo. Al darme cuenta tras los primeros poemas de cuál iba a ser el tono general del libro, dudé de que me fuera a gustar (pues en general me generan rechazo las rimas muy marcadas y la constante pretensión de tontería). Me equivocaba. T.B.O. no sólo es divertido: es, además, tremendamente tierno.

De las tres partes del libro, «Cuadernillo de anónimos» (recopilación de poemas políticos publicados originalmente bajo pseudónimo en el boletín clandestino Información) es la que menos me ha gustado. Mantienen el tono irónico de algunos de los poemas de El español al alcance de todos, repitiendo el juego de comenzar alabando al régimen para hacer un giro de denuncia de la dictadura, pero personalmente el género literario me aburre y me parece demasiado predecible, a pesar de la mirada finísima con que se construyen algunas de las críticas. Seguramente lo poco que me gustan los sonetos, salvo contadísimas excepciones, ha tenido mucho que ver en esto.

El segundo bloque de poemas, «Andar por casa», es con mucha diferencia el que más he disfrutado. Lo empecé escéptica, a pesar de la aclaración que se hace en nota al pie al título («Son poemas de andar por casa, entre la familia y con los amigos, en la vida cotidiana. Versos sencillos»), que me parece muy bella. Lo que hace Alfonso Sastre aquí es sin embargo una gozada: convierte episodios rutinarios, o incluso conversaciones con la gente a la que quiere, en poemas en general bastante graciosos, pero lo hace sin caer en el verso evidente ni en la anulación de lo bello. Desde los geniales títulos («Porque Eva le escribió diciéndole que su amiga Ivonne Barral había dado luz a unos gemelos», «A su hijo Pablo porque sacó un notable en inglés») al contenido tiernísimo que funde compromiso vital y compromiso político de la única manera cierta y posible, la recopilación es una delicia. Especialmente divertidos los tercetos encadenados que le escribe a su madre desde la prisión de Carabanchel (acabados con un «¡Mi bata, te camelo enormemente!») y muy bonitas, de tan sencillas y amorosas, las «Seguidillas carceleras a Evita Sastre», su hija pequeña.

La última parte del poemario se titula «Te veo, Vietnam (Aleluyas para viñetas)» y es una descripción en verso del libro ilustrado Vietnam y tú, de la gallega/cubana Anisia Miranda. El formato, que combina en cada aleluya la ironía y el alegato político tan característicos de Sastre, me ha parecido súper original y muy gracioso, y ya se usa en el poema «Pies para doce fotografías que fueron enviadas a Juan, hijo del poeta y estudiante en La Habana». Qué experiencia peculiar, leer pies de imagen de imágenes que no conoces. Y qué cierre redondo titular al libro T.B.O., como si él mismo de un álbum de viñetas se tratara. Me cae tremendamente bien Alfonso Sastre.

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