Deseo disidente: las políticas del placer

Escribe Anneke Necro que es necesario deconstruir los mitos “para pensar un presente sexual –y no sólo imaginar una erótica futura– que haga realidad las eróticas antiguas; un nuevo mito sexual como una hiperstición, como una profecía autocumplida”. Su breve ensayo, escrito en un tono divulgativo y solvente, no se propone tanto esto como un trabajo previo: un mapeo de las diversas construcciones sociales en torno a la sexualidad y al deseo existentes a lo largo de la historia, cartografiando sus disidencias y sus márgenes.

La parte central del libro se divide en cinco capítulos ordenados cronológicamente. Si bien la extensión obliga a generalizar y a obviar diferencias (como la propia autora admite, es imposible reducir a una única realidad social el eros de toda la Antigüedad clásica europea, o de las edades Media y Moderna en Occidente), Anneke maneja una concepción sofisticada del relato historiográfico, que le impide caer en reduccionismos burdos y permite una narración alerta acerca de los efectos de las políticas de racialización, los procesos de colonización y las relaciones de explotación.

Deseo disidente no es un libro de elaboración teórica, ni una investigación profunda sobre la sexualidad histórica. Tampoco, creo, pretende serlo. Funciona como un pequeño artefacto destructivo que cumple a la perfección su propósito: desreificar el deseo (no sólo el sexo), problematizar lo natural, demostrar la construcción histórica de la sexualidad normativa para volver absurda la posibilidad de un eros anti-natura. También: constatar la existencia de personas y grupos que ejercieron, de manera más o menos consciente, la disidencia. De un deseo que no se pliega a la norma.

Para quien no conozca demasiado acerca de la articulación social de la sexualidad o esté empezando a acercarse al abordaje político del deseo, este libro supone una introducción estupenda. Una píldora a partir de la cual enlazar otras lecturas. Además, la experiencia de Anneke Necro en el BDSM, en la industria porno y en la lucha sindical como trabajadora sexual la sitúa en una posición privilegiada para hablarnos no sólo de disidencias, sino también de derechos trans, descorporalización del sexo o (sí) exploración del cuerpo.

Porque “el deseo es más que mero apetito: queremos poner la imaginación a disposición del goce”. Un goce que “no es un anhelo de aceptación, ni de legitimación de los agentes de poder: es el proyecto de escapar de las lógicas capitalistas, de dormir más, comer más, tener más tiempo, más espacios de descanso, más infraestructuras urbanas para la tranquilidad, el amor y el pensamiento. El ansia de que no hay fronteras, de quemar la ley de extranjería, de que ninguna puta sea multada. Se trata de apaciguar la sed de otra cosa”.

Reseña aparecida originalmente en Viento Sur, nº 197.

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