No sé si conocéis a Claudia Polo. Es una chica de Zaragoza que publica en El Comidista y que, sobre todo, hace un trabajo súper interesante de divulgación culinaria a través de redes sociales como Soul in the kitchen. Yo la descubrí en instagram hace unos años y me gusta por varias cosas: alimentación omnívora pero ampliamente basada en vegetales, puesta en valor de la calidad y la procedencia de lo que comemos, consumo de cercanía, y unas recetas riquísimas que, más que recetas propiamente dichas, funcionan en muchas ocasiones como caja de herramientas para desarrollar las propias habilidades e imaginación en la cocina.
Entorno es su primer libro y de él me ha gustado fundamentalmente eso: su disposición a servir como dispositivo útil, como potenciador de estrategias y cajón de recursos. A mí, que me gusta cocinar y que disfruto de ello una o dos veces a la semana (muera la jornada laboral pero vivan los tuppers), me ha ayudado a comprender mejor los procesos y las técnicas, y me ha servido de empujón para animarme a probar procedimientos que hasta ahora consideraba fuera de mi repertorio, mis capacidades o mi rutina.
En ese sentido, Entorno es un muy buen libro y lo recomiendo a quien quiera, más que consultar recetas, incorporar aprendizajes y mejoras a su cocina diaria. Especialmente, me ha gustado la forma en que Claudia ofrece alternativas a todo lo que hace: voy a escabechar tal cosa, pero la misma técnica puede emplearse con estos otros veintiséis elementos variando levemente los tiempos. Hay un punto guay de democratización del placer de comer (y de cocinar) en esto. Eso, y la satisfacción de ofrecer a quienes quieres el producto de tu trabajo (una idea que Claudia también repite mucho en el libro) son sin duda mis partes favoritas de la cocina: el placer de estar viva y de compartir esa vida.
Una vez dicho esto, un par de apuntes. El libro está escrito en un estilo oral, más propio del trabajo en radio, talleres y redes sociales al que la autora está acostumbrada. A mí no me importa y posiblemente otras personas disfruten especialmente de ello, pero también es posible que para otra gente sea un factor negativo en la lectura. Relacionado con esto, los distintos capítulos están plagados de referencias personales. La técnica narrativa de recurrir a la experiencia personal para validar un discurso es legítima, pero su proliferación la convierte en previsible y repetitivita. Y cuando la experiencia personal es algo tan poco universalizable como las anécdotas que cuenta Claudia (cuántas personas tienen como recuerdo de infancia el comer pato los días de fiesta, en qué entorno social es normal hacer prácticas de estudios en Dinamarca), el argumento corre el riesgo de parecernos absurdo por muy correcto que sea.
Últimamente le doy muchas vueltas al modo en que ciertos sectores de las clases medias viven en una disociación continua entre la realidad con la que pretenden relacionarse y la normalidad de sus vidas. Claudia realiza un serio esfuerzo, no sólo en su libro sino también en todo su trabajo comunicativo, por poner en valor la sostenibilidad y la calidad de la alimentación sin obviar la situación de precariedad económica y falta de tiempo que afecta a tantísimas personas. Y pese a ello es capaz de escribir que, como dice su padre, «si un problema se arregla con dinero entonces no es un problema», y no pararse un momento a pensar y borrar la frase. Amiga, date cuenta. Tuve que pararme a releer, estupefacta, porque no me creía lo que estaba viendo.
En resumen: una chulada de libro para recoger ideas e incorporar elementos que nos ayuden a hacer mejor las cosas que ya hacemos, y animarnos a cocinar de maneras nuevas y sabrosas (sin tanta mantequilla eso sí, por favor). Con una primera parte especialmente útil para quien todavía no se haya planteado dejar de consumir prioritariamente en grandes superficies, comer en base a los productos de temporada, etc. Para leer con algo de escepticismo en lo que a las reflexiones personales se refiere y para probar, probar y probar mil veces. Que es de lo que van todas las cosas buenas, en la cocina y en la vida.