Leí Descripción de un naufragio cerca del mar. Es el segundo poemario de Cristina Peri Rossi, de quien leí Evohé hace ya muchos años, en una edición estadounidense bilingüe que conseguí no sé cómo y que devoré bastante antes de empezar a interesarme realmente por la poesía. Lo de volver a la autora, esta vez abordando en orden su Poesía completa, ha sido algo que llevaba ya tiempo pensando y que se encuadra dentro del itinerario de lectura sobre deseo, placer y existencialismo vitalista en el que estoy enmarcando este año.
El poemario (buenísimo, delicioso) consigue una cosa extraña: que entiendas perfectamente lo que la autora pretende pero que, al menos en mi caso, seas incapaz de explicarlo. Descripción de un naufragio engarza naturalmente diálogos entre personajes no presentados (un marinero náufrago, aparentemente, que en ocasiones se subleva ante el cuadro de mando y en otros simplemente huye del barco, que parece ser lo mismo polizonte que grumete abandonado) con alegatos sobre imperialismos y migraciones (qué cosa tremenda, el poema XXXII) y con imágenes náuticas de la sexualidad y el deseo. Las voces varían: un hombre que reflexiona consigo mismo, una tercera voz para hablar de las mujeres, el recurso desde la distancia a la mujer amada, la voz evasiva frente a la autoridad tripulante o fronteriza, la apelación a algún dios extraño, la llamada. La voz irónica y aterradora que cierra el poema CCCVII: «Marinero, ¿necesitabas un naufragio / para conocer a tu mujer?». Varía también el naufragio en sí mismo: naufragio vital, geográfico, histórico, naufragio a veces salvador y en ocasiones desastroso. Sobrevuela el poemario un hálito de desesperación y redención que construye una atmósfera terrible de tan preciosa.
La primera vez que leí a Peri Rossi me sorprendió su capacidad de levantar un marco se significados propio, casi ontológico, que confiere a su poesía un lugar privilegiado donde todo funciona con independencia del resto del mundo. En el caso de Evohé, el proceso es aparentemente mucho más sencillo: hay un paralelismo entre la posesión carnal y el pronunciamiento verbal, donde el nombrar se superpone al poseer (qué palabra más horrible, pero qué incapaz me siento para dar con otra que exprese la misma intensidad) y las mujeres y las palabras se alternan hasta acabar siendo lo mismo. En Descripción de un naufragio este proceso es mucho más complejo. El universo se complejiza, se puebla de múltiples capas hasta construir un red densísima en la que te ves inserta sin saber realmente cómo es que comprendes todo, o si acaso es que no comprendes nada. Quizá la clave se dé en el poema XIII, ese que dice: «El mar. / El temor a la inmensidad / El arte de navegar / La facultad de amar / La soledad.».
Descripción de un naufragio consigue llevarte hasta todo un universo de temores y anhelos históricos, ancestrales, se diría que universales, en torno al mar mismo y a la naturaleza humana. Una sensación de trascendencia que aparece y desaparece en torno a nuestras vidas y a nuestros cuerpos y que se encarna en la fascinación marítima (¿por lo desconocido, por lo inalcanzable, por lo eterno quizá?). Los poemas finales cierran el círculo con esa manera tan propia de Peri Rossi de acercarse a las mujeres: una idolatría ciega, una violencia dulcísima, una voluntad que se derrite en el suelo ante la comprensión animal de lo que se es y lo que se tiene delante. «Abordar», «Aferrar», «Veleta» y «Arbolar» son poemas estremecedores. Me quedo quizá con estos versos del último: «Pero antes, / poner de pie a la mujer / sobre cubierta, / las olas lamiéndole los costados, / la sal ascendiendo por los bordes, / la cubierta llena de sangre, / los pies mojados».