El poemario que leí en mayo fue breve y manoseado (bebido a sorbos en una pausa de mediodía) pero me reconcilió, parte buena, rencontrarme con Ángel González. Para quien llegue de primeras a esta entrada sin haber ojeado antes reseñas pasadas: llego algo más de un año leyendo la poesía completa de Ángel González, que me fascinó al principio y que últimamente comenzaba a hacérseme pesada. La edad del poeta, sus fases vitales, el cambio evidente y lógico en sus intereses, supongo. Hay sin embargo aquí, en estos apenas ocho poemas, un retorno. Supongo que toda biografía lo tiene.
Breves acotaciones… recupera el erotismo sutil que tenían los primeros poemarios del autor (sin necesidad de ir de eso) tanto en el contenido como en la forma. O mejor: lo recupera en la forma, forzando con ello al contenido. El comer, tragar, saborear, masticar. Todo lo relacionado con la boca en un sentido triturador, succionador o digestivo está presente. El acto de moder en «A veces», el zumo y la fruta mustia de «Otras veces», la boca tal cual en «Siempre lo que quieras», absolutamente todo en «Meriendo algunas tardes», la imagen del plato en «Eso era amor», los tallarines y la ginebra con menta de «Mi vocación profunda», etcétera. También lo ocular a veces, pero siempre separado de un pedazo de carne que se pudre solo. Lo material del cuerpo que somos impregnándolo todo.
Releo ahora los poemas y pienso también un poco en lo visceral, lo tremendamente corporal, de este Mayo pasivo-agresivo y pretencioso. «Cuando no sepas qué hacer vente conmigo / -pero luego no digas que no sabes lo que haces. / Haces haces de leña en las mañanas / y se te vuelven flores en los brazos. / Yo te sostengo asida por los pétalos, / como te muevas te arrancaré el aroma». Era imposible no sentirlo tan fuerte, supongo. Qué durísimo ha sido Mayo.
«Nada hay comparable, sin embargo,
al gozo inoxidable de trocearse en dedos,
narices, ojos, penes, labios, cabellos, risas,
y refugiarse en vasos individuales llenos
de ginebra con menta
hasta que alguien nos diga agitando baderas:
comencemos de nuevo;
la guerra ha terminado con el triunfo de mayo».