No tengo muy claro cómo llegué exactamente a June Jordan, aunque sé que empecé a tirar del hilo a partir de la lectura de Audre Lorde, cuyo poemario El unicornio negro disfruté mucho en marzo del año pasado. Me ha costado horrores conseguir algo de Jordan y sólo tras varios meses, tras dar antes con un libro de artículos suyos y textos políticos que por el momento espera en mi estantería a ser abierto, encontré estos «31 poemas sobre lo personal y lo político» recopilados, traducidos y editados en Argentina. Ha sido mi poemario de abril y puedo decir, con toda seguridad, que merecieron la pena los gastos de envío.
Menos traducida y menos conocida internacionalmente que Lorde, June Jordan comparte con ella tanto generación como militancia, con tres ejes temáticos fundamentales que articulan su obra: negritud, ser-mujer, bisexualidad (lesbianismo en el caso de Lorde). Es posible que su estilo sea un poco menos fino, menos depurado y redondo – o quizá se trate sólo de un efecto de la traducción y de la imagen sesgada que apenas 31 poemas proporcionan con respecto a toda una vida de escritura. Sin embargo, cuando se detiene para reflejar las cosas bellas, es capaz de transmitir de una manera sutil e indiscutiblemente hermosa. Como ese «Dentro de nuestro amor el mundo / parece un plan razonablemente fácil» que no me quito de la cabeza o el precioso «De Nicaragua libre: fotografía de Managua».
June Jordan expresa la rabia de manera incluso más descarnada y violenta que Lorde. Si me tengo que guiar por el resultado de esta antología, diría que la rabia y el amor constituyen la característica principal de su obra. Una rabia escupida y un amor suave y palpable al tacto. No hay demasiada genealogía en sus poemas, a diferencia de Lorde, ni tampoco construcción emocional colectiva alguna más allá de la denuncia y la protesta (nada de apelación mesiánica ni de comunidades místicas). Su poesía no ya de protesta, sino de respuesta, adopta a veces una forma ácida e irónica, como en «Mi poema de víctima». El terrible y brillante «Poema sobre la violencia policial» o «Análisis de Atlanta: 1979» (que, se podría decir, tiene forma de bofetada) son posiblemente dos de los poemas más explícitamente violentos que he leído nunca.
Estoy contenta de cómo avanza este experimento del poemario mensual y también de ir siendo capaz, poquito a poco, de construirme cadenas de referencias que se entrecruzan y me funcionan. De June Jordan diría que la leáis y que su «Poema sobre mis derechos» es tan bueno que da escalofríos. En su final lo dejo: «Mi nombre es mío mío mío / y no puedo decirte quién mierda dispuso las cosas de este modo / pero puedo decirte que desde ahora mi resistencia / mi simple y cotidiana y nocturna autodeterminación / puede muy bien costarte la vida».