Los analfabetas.

Aunque mis ritmos de trabajo sean tan intensos últimamente que lleguen a desbordarme, acabe 2020 muy contenta con el ejercicio de obligarme a leer un poemario al mes, y comencé el nuevo año con el propósito de seguir en ello. Así que, a pesar de que febrero avanza, por aquí va mi poemario de enero (lo leí hace días, prometido).

Los analfabetas me llegó desde Colombia a través de su autora, como regalo de alguien muy querida que estuvo vinculada a mi familia hace ya tiempo. Desde un primer momento me llamó la atención por su aspecto (trazas quizá de fanzine), las ilustraciones en tinta que imita pizarra, el cambio de color de las hojas y el poema que aparece en la contraportada (con diferencia, mi preferido de todos): «idiotas cuando leen / confusos cuando escriben / anteriores a las ideas / vamos a convertirlos en hombres».

María Paz Guerrero usa recursos que, a pesar de ser conocidos, todavía no me había encontrado en mi particular aproximación a la poesía: separación de las líneas y párrafos, disección de las palabras en sílabas o incluso signos, cambios en el tamaño de letra. Algunas páginas me han recordado a los caligramas (he tenido que buscar el nombre, lo reconozco) que nos enseñaban en el colegio pensando que así nos resultarían más atractivos. Es en general una poesía de verso breve, donde las frases se dividen en columnas finitas bastante alejadas de la poesía musical y contundente (redonda, sin serlo) con la que más cómoda me siento. Me ha costado, en muchos casos, seguir el ritmo.

Tanto en los poemas como en las ilustraciones abundan las imágenes incómodas: cuerpos despedazados (o mejor, pedazos de cuerpos), tripas y otras vísceras pobladas por gusanos, pústulas, raíces podridas. Es una poesía marcada por la presencia de la violencia, que combina el nudo de tripas con olores terribles y con partes sangrantes. Se atraganta y se hace difícil, sobre todo leyendo desde esta Europa en la que la mayor parte de referencias, vocabulario, marcos culturales y dolores entretejidos no se conocen, no existen, son directamente otros. Esto, junto con mi falta de conexión con la forma de la poesía, hace que a pesar de sí haber disfrutado con algunos de los poemas me quede con una sensación que ya he tenido varias veces: ésta no, ésta no es la mía. Seguiremos probando.

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