Llevo unos días repasando las distintas cosas de Kollontai publicadas en castellano, el criterio con el que están seleccionados y encuadrados su textos, qué temáticas de entre todas las que trató se han ido considerando más importantes en cada momento, etc. Creo que ha habido, en general, una separación entre temas importantes o verdaderamente políticos (los textos de la Oposición Obrera, sus apuntes programáticos, los proyectos en torno a la protección social de la maternidad y la lucha contra la deserción del trabajo) y temas secundarios (evidentemente: su concepción política del amor y sus artículos de crítica literaria).
Solamente las feministas, y sólo algunas de ellas, han hecho desde los años 80 y 90 un esfuerzo por recuperar, traducir y publicar parte de los textos más profundamente revolucionarios de la comunista: los que hablan, precisamente, de los vínculos sexuales y las relaciones afectivas. La mayor parte de grupos comunistas han despreciado hasta hace poco esta parte de su producción, centrándose en reivindicar a una Aleksandra «que combate a las feministas» y que vio cómo toda la legislación aplicada durante la revolución era desmantelada progresivamente desde 1923. Entra dentro de lo predecible, pero no deja de ser irónico el modo en que la aparente rigidez de la primera Kollontai (la de la política de verdad, ja) es incomprensible y genera significados profundamente equivocados si no se cruza con la humanidad y la corriente cálida que habita en la segunda.
La antología que propone El Viejo Topo reúne cuatro de los títulos más consensuadamente valiosos de la dirigente rusa: extractos de «Los fundamentos sociales de la cuestión femenina», «Las relaciones sexuales y la lucha de clases», «El comunismo y la familia», y «La prostitución y cómo combatirla». Abordan de manera amplia y con desigual profundidad la mayor parte de temas centrales que recorren la obra de Kollontai: los orígenes de la opresión de género, el problema de la doble moral, la necesidad de independencia económica de las mujeres obreras, la diferencia entre igualdad formal y material, la importancia de las relaciones sexuales sanas y libres para la felicidad individual y colectiva, el establecimiento de nuevos vínculos capaces de gestar una sociedad nueva, la extinción progresiva de la familia dentro del capitalismo, y la lucha contra la evasión del trabajo (o lo que es lo mismo: contra quienes pretenden vivir a costa del trabajo de otros).
El libro tiene el mérito de incluir textos pertenecientes a los dos grupos que he bosquejado más arriba, además de un muy buen prólogo (casi 70 páginas) que recorre la trayectoria política de Kollontai en el Partido Socialdemócrata Ruso y posteriormente en el Partido Bolchevique hasta su salida hacia Noruega como embajadora en 1923. Yolanda Marco se queda, sin embargo, en la capa de lo «político de verdad» (sobre todo en los debates dados por la Oposición Obrera), sin entrar a analizar muchas de las apuestas contenidas en los textos que está introduciendo. Y es una pena, porque «Relaciones sexuales y lucha de clase» es probablemente uno de los mejores artículos de la rusa.
Como dije hace unas semanas, lo dejo aquí. Esperad más cositas sobre Kollontai en breves.