Catorce conferencias en la Universidad Sverdlov de Leningrado.

Alexandra Kollontai ha sido, desde que descubrí su existencia, una de mis referencias de cabecera en lo que a razonamientos políticos y planteamientos de vida se refiere. Pasan los años y sigo alucinando ante su capacidad de detectar la amplitud del problema de la construcción de una sociedad comunista y su valentía y determinación al abordar (no de manera segundaria sino fundamental y prioritaria) cuestiones como los afectos, el amor y las relaciones interpersonales. De una forma que sólo en mitad de una revolución puede darse, infinitamente más bonita, real y transformadora que cualquier apuesta actual esbozada desde los feminismos.

Las Catorce conferencias recogen las sesiones de un curso sobre mujer, economía y sociedad que Kollontai dio en 1921 ante cuadros medios del Partido Comunista que iban a dedicarse a realizar trabajo con mujeres obreras y campesinas no necesariamente afiliadas. A través de un estudio histórico pormenorizado de las diferentes sociedades y sus modos de organización social de la producción, Kollontai trata de demostrar que el trato recibido por las mujeres depende de su nivel de participación en la producción y de su posición en la escala de castas, grupos o clases sociales. Empleando hace un siglo un enfoque que aún hoy resultaría novedoso, Kollontai desmonta al mismo tiempo dos mantras contrapuestos: la existencia de condiciones de opresión iguales para todas las mujeres (concepción que en la segunda mitad del siglo XX derivó en la imposición de una sororidad feminista apriorística muy criticada en su momento por las feministas negras), y la creencia en que fue el Capitalismo quien creó la desigualdad de género (tristemente defendida todavía por algunos grupos que se dicen comunistas).

Es posible dividir el libro en tres partes: una primera de análisis histórico (conferencias 1 a 6), una segunda de transición más abiertamente política (conferencias 7 y 8) y una tercera más programática y de estudio de los primeros años de la Unión Soviética (conferencias 9 a cierre). Hay infinitos debates de interés en las Conferencias, pero quizá el punto más relevante sea la demostración de que no es posible disociar género de clase y de que no sólo las condiciones en que vivimos las mujeres son distintas en función de nuestra extracción social, sino que la propia construcción histórica de las mismas pasa por caminos opuestos. También por tanto los intereses y las alianzas para lograrlos. «En verdad, estos parásitos tampoco tenían derechos ciudadanos de ninguna clase, pero ¿para qué necesitaba la acomodada esposa de un comerciante o de un conde derechos sociales mientras el poder del dinero y del título le garantizara una existencia agradable?».

El libro incluye un texto («Conferencia nº 8: El movimiento de las feministas y la importancia de las trabajadoras en la lucha de clases») que recientemente ha sido recuperado por los sectores más rígidos e identitarios (en el peor de los sentidos) del comunismo para negar la necesidad del feminismo y la existencia de una opresión específica hacia las mujeres. Dejando a un lado la utilización seccionada e interesada de una autora que bien podría haber muerto a mano de gente como ellos, no deja de ser llamativo el excesivo mecanicismo con que Kollontai explica las transformaciones en los hábitos sociales.

No me detengo mucho aquí porque estoy trabajando en algo que aborda el tema de manera mucho más completa, así que sólo dos apuntes: 1) la comunista (primera mujer Ministra de la historia y fundadora de la Oposición Obrera) tenía razón en su crítica a la ingenua creencia de que los derechos formales dentro del Capitalismo traerían la emancipación de las mujeres; y 2) faltaban todavía muchas décadas para que el feminismo empezara a reflexionar y a elaborar pensamiento sobre la dimensión cultural de la opresión de género. Incluso los debates acerca de la autonomización de la cultura y de la relativa autonomía de la superestructura, tan prolíficos a mitad de siglo, estaban aún sin desarrollar dentro del marxismo. No es posible exigirle a nadie que se adelante cincuenta años a su momento histórico. Y a pesar de ello, en muchísimos aspectos, Kollontai lo hizo.

Llevaba bastante sin leer a Kollontai sistemáticamente (de hecho, sin sacar tiempo para poder dedicarlo a leer cualquier cosa sistemáticamente) y he disfrutado muchísimo el intensivo que me he marcado esta semana. Esperad más cosas suyas por aquí y por otros sitios dentro de poco.

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