Desde que leí los Cuentos de la Cuba socialista seleccionados por Andrés Sorel he ido comprando algún que otro libro de segunda mano de cuentistas cubanos. Los años duros lo encontré en la Feria del Libro Viejo y Antiguo de Zaragoza hará uno o dos años; lo agarré sin pensar apenas, segura de la garantía que son los premios literarios de la Casa de las Américas. No conocía al autor, como suele pasar con casi todos los buenos escritores que ha parido Cuba durante el siglo XX y con muchos de los del resto de países de América Latina. Pero conforme voy abriéndome paso en el género del cuento cubano (reivindicado como tal con orgullo, sin disfraces de relato corto), más me convenzo de que casi cualquier firma es sinónimo de calidad a unos niveles muy altos.
Jesús Díaz tiene un estilo acelerado y directo que alterna un narrador externo (las menos de las veces) con los pensamientos literales de algunos de los personajes. Sus cuentos son literariamente frenéticos. Empiezan siguiendo el hilo de las reflexiones de alguien que todavía no sabemos quién es para pasar, a los pocos párrafos, al interior de la cabeza de un otro. Los sujetos implicados son descubiertos al pensarse y ponerse nombre mutuamente, teniendo en ocasiones que esperar al cuento siguiente para terminar de dar sentido al conjunto. No se nos introduce ni explica nada: está todo siempre dado por los hechos, en un presente constante que se muestra capaz, sin embargo, de manejar con increíble presteza los cambios en los tiempos.
El tema, claro, es la revolución. O mejor: fragmentos, individuos y momentos que se encuentran rodeados del telón de la revolución. Estudiantes revolucionarios, bandidos asalta-caminos, torturadores de Batista o reclutas voluntarios, todos se muestran humanos hasta límites retorcidos y divertidísimos. No hay búsqueda de grandeza alguna ni exaltación forzada: sólo hombres (porque sí, todos son hombres…) con sus miserias y sus ambiciones, honestos y egoístas a partes iguales, reales como no podría serlo ninguna propaganda. Para volver a leer dentro de un tiempo y repetir, de nuevo, esta media sonrisa.