La belleza del marido.

Me habría gustado tener tiempo para leer La belleza del marido del tirón; dudo que me hubiese ocupado mucho más de dos horas. Elegí este título como mi primera lectura del reto #unpoemarioalmes, con el que pretendo ponerme por fin en serio con la eterna tarea pendiente de leer (y sobre todo, conocer y forjarme un criterio) poesía. He leído cosas, claro, pero siempre de manera aislada, sin sistema alguno, y me pesa el carecer de un mapa mental por el que orientarme como el que sí tengo para la prosa. Así que, como propósito para este 2020, he decidido dejarme aconsejar por algunas personas en cuyos mapas confío enormemente.

Me habría gustado, decía, tener tiempo para leer La belleza del marido del tirón, porque hacía tiempo que una novela no me inundaba tanto. También es verdad, claro, que últimamente he leído mucho ensayo. Anne Carson logra conmigo lo que la mejor literatura ha hecho siempre: me sumerjo, desaparece el afuera, la realidad se esfuma mientras dura la lectura. No es exactamente enganche (no hay giros trepidantes, ni intrigas no resueltas ni nervios por el próximo acontecimiento) sino algo mucho más auténtico: amor, belleza, verdad. Siempre pensé que no tiene que recurrir a efectos especiales quien es capaz de narrar lo bello.

Creo que es la primera vez que se diluyen para mí de esta forma las fronteras entre literatura y poesía. Quizá porque estaba acostumbrada a acercarme a lo escrito en verso con un ánimo diferente al que tengo cuando empiezo la lectura de una novela. Carson dinamita esa frontera y me parece algo maravilloso. No podía estar más contenta con mi poemario de enero.

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